¿Cuáles son las dificultades que enfrentan las niñas respecto a su educación?

Cada vez más chicas pueden ir a la escuela y terminar sus estudios, pero todavía hay muchas que no tienen esa posibilidad. En varios países, las diferencias entre chicas y chicos en el acceso a la educación se redujeron, aunque eso no significa que el problema esté resuelto. Según un informe de la UNESCO, el matrimonio infantil, la falta de dinero y las desigualdades sociales siguen haciendo que muecha niñas tengan dificultades para continuar estudiando.
La brecha se achica
En todo el mundo, hoy hay una cantidad similar de chicas y de chicos que acceden a la educación primaria y secundaria. Entre 2000 y 2024, los países con grandes diferencias en contra de las niñas pasaron del 15% al 2% en primaria y del 18% al 5% en secundaria. En las universidades, la situación es diferente: hay más mujeres que varones matriculados. En 2024, por cada 100 mujeres que estudiaban, había 88 hombres. Además, aumentó la cantidad de países donde los varones tienen menos oportunidades de acceder a la educación superior.
Las chicas también suelen terminar la primaria y la secundaria a la edad que corresponde con más frecuencia que los chicos. En secundaria, el 11% de los chicos tienen al menos dos años más de la edad esperada para ese nivel, frente al 8% de las mujeres. Pero ellas enfrentan otras dificultades. En muchos lugares, la presión para casarse jóvenes, los embarazos y las tareas del hogar hacen que algunas tengan que dejar la escuela antes de terminar sus estudios.
Pero hay otras desigualdades…
Aunque los números generales muestran avances, no todas las chicas tienen las mismas oportunidades. Las diferencias son más grandes en las zonas rurales y en las familias con menos recursos.
En Angola, por ejemplo, por cada 100 chicos de los hogares más pobres que terminan la secundaria, solo lo hacen 30 chicas. En los sectores con mayores ingresos, en cambio, hay una situación de paridad. Algo parecido ocurre en India: en las zonas rurales se gradúan 59 chicas por cada 100 chicos, mientras que en las ciudades la diferencia desaparece. Frente a esta situación, garantizar que la educación sea gratuita y obligatoria puede hacer la diferencia. En 14 países africanos, la obligatoriedad de la secundaria permitió que las chicas sumaran, en promedio, 1,6 años de escolaridad, mientras que los chicos sumaron 1,4.
También es importante evitar que las niñas tengan que abandonar sus estudios por casarse demasiado jóvenes o empezar a trabajar. Y hay otro problema: aunque al menos 38 países tienen normas que permiten que las jóvenes madres vuelvan a estudiar después del parto, menos del 5% consigue regresar a las aulas. El rechazo social, la falta de guarderías y las dificultades para retomar los estudios siguen siendo obstáculos.
A todo esto se suman los gastos que pueden parecer básicos, pero que no todas las familias pueden afrontar, como el transporte, los uniformes y los libros.
Algunas medidas ayudan a que más chicas sigan estudiando
Hay iniciativas que muestran que, cuando se atienden estas dificultades, más niñas pueden acceder a la educación. En las zonas rurales de China, por ejemplo, los subsidios para pagar matrículas, materiales y otros gastos aumentaron un 7% la inscripción de chicas de familias con bajos ingresos. En India también se vieron resultados positivos con los almuerzos gratuitos en las escuelas primarias. Esta medida tuvo un efecto favorable en la asistencia de niñas que fue el doble del registrado entre los niños.
La distancia hasta la escuela es otro factor que influye. En Pakistán, las chicas que tardan entre 45 minutos y una hora tienen un 15% menos de probabilidades de estar escolarizadas que aquellas que viven a unos 15 minutos. Por eso, no alcanza con que haya una escuela cerca: también importa que puedan llegar de forma segura.
Las desigualdades también siguen presentes después de la escuela. Aunque las mujeres se gradúan en mayor proporción que los varones en muchas regiones, todavía hay carreras donde la mayoría del alumnado es masculino, como ingeniería y algunas áreas de las ciencias. En cambio, en disciplinas como educación y ciencias sociales hay una mayor presencia de mujeres.
Los avances son importantes, pero todavía hay chicas que tienen que dejar de estudiar por falta de dinero, por las responsabilidades que asumen en sus hogares o porque sus familias esperan que se casen a una edad temprana. Por eso, no alcanza con que tengan la posibilidad de anotarse en una escuela: también necesitan de condiciones que les permitan continuar y terminar sus estudios. Mejorar el acceso al transporte, acompañar a las jóvenes madres y garantizar espacios seguros son algunas de las medidas que pueden ayudar. Al final, la posibilidad de estudiar no debería depender donde nace una chica, de cuánto dinero tiene su familia o de lo que otras personas esperan de ella por ser mujer.


