Derechos Humanos

¿Derecho o privilegio? Lo que muestra la CEPAL sobre la crisis invisible en las aulas

derecho a la educacion

Ir a la escuela no debería depender de cuánto dinero tiene una familia, de dónde vive o de su origen. Acceder a una educación de calidad es un derecho básico, pero en América Latina todavía existen grandes diferencias en las oportunidades que tienen los estudiantes. El nuevo documento de la CEPAL, “Educación: desigualdad y desarrollo social inclusivo”, muestra que el problema no está solamente en quiénes logran entrar al sistema educativo. También está en qué aprenden, cuánto pueden avanzar y en las condiciones que encuentran mientras estudian. 


La grieta educativa en América Latina

Los sistemas educativos de la región tienen un problema que va por varios lados. Por un lado, siguen existiendo altas tasas de abandono en la educación secundaria y bajas tasas de acceso a la educación superior. Pero incluso quienes permanecen dentro del sistema se encuentran con otro problema: no siempre logran adquirir los conocimientos y habilidades básicas.

Eso queda reflejado en los resultados generales de las pruebas PISA que siguen estando por debajo de los países de la OCDE.

Y hay algo que aparece una y otra vez: las oportunidades no son las mismas para todos.

La trayectoria de un estudiante puede estar muy condicionada por cuestiones que no dependen de él. La situación económica de su familia, los recursos culturales que tiene en su casa, como los libros, el lugar donde vive que puede ser una zona urbana o rural y su condición étnico-racial pueden terminar haciendo una diferencia.

A esto se suma el crecimiento de la oferta privada y la segmentación del sistema educativo. En muchos casos, los estudiantes terminan agrupados según el nivel socioeconómico de sus familias.. Esto hace que quienes tienen más recursos acumulen ventajas, mientras que los sectores más vulnerables quedan frente a más obstáculos. 


Cuando el orígen pesa más que el estudio

Para medir estas diferencias, la CEPAL utiliza el Índice Bidimensional de Desigualdad de Oportunidades Educativas (IBE). El indicador mira dos cuestiones. Uno es la cobertura: cuántos jóvenes de 15 años están fuera del sistema educativo o tienen un rezago escolar de más de dos años. La otra tiene que ver con los aprendizajes y con cuánto de las diferencias en las notas puede explicarse por factores que están fuera del control del estudiante. 

El resultado es bastante claro. El IBE de América Latina supera ampliamente al de la OCDE. Es decir, las condiciones de origen siguen teniendo demasiado peso a la hora de explicar los resultados educativos.

Pero también hay experiencias que muestran que esas diferencias pueden reducirse.

Perú consiguió bajar su IBE a partir de una mejora sostenida en los aprendizajes de los sectores más vulnerables, junto con una mayor cobertura educativa. Chile también logró reducir la desigualdad con políticas estructurales que comenzaron hace años, entre ellas la Jornada Escolar Completa y la Subvención Escolar Preferencial. Sin embargo, en los últimos años parte de esa reducción se explica por un estancamiento o una caída en los resultados de los estudiantes de mayor nivel socioeconómico.


Qué propone la CEPAL para achicar la brecha

La CEPAL plantea varias medidas para intentar cambiar este escenario. Una de las primeras tiene que ver con la primera infancia. Las diferencias cognitivas y sociales empiezan a aparecer mucho antes de la primaria y, si no se interviene a tiempo, pueden acumularse con los años.

También pone el foco en la secundaria. Conseguir que más estudiantes puedan terminarla es una de las grandes cuentas pendientes, sobre todo porque el abandono afecta con mayor fuerza a quienes viven en situaciones más vulnerables.

Otro punto es la inclusión. No todos los estudiantes enfrentan las mismas dificultades y, por eso, las respuestas tampoco pueden ser iguales para todos. La CEPAL propone políticas específicas para grupos que históricamente han tenido más obstáculos, como las poblaciones indígenas, afrodescendientes y rurales, además de las personas con discapacidad. Entre las medidas mencionadas aparece la educación intercultural bilingüe.

La formación docente también ocupa un lugar importante. La propuesta es fortalecer la profesión y generar incentivos para que los docentes mejor preparados puedan enseñar en las escuelas con mayores niveles de vulnerabilidad.

Y, para que todo sea posible, hace falta plata. La CEPAL advierte sobre la caída de la inversión educativa después de la pandemia y plantea la necesidad de recuperar un financiamiento público suficiente y sostenido, junto con mejores capacidades de gestión por parte del Estado.


La educación es mucho más que estar sentado en un aula o conseguir un título. Es un derecho básico y también una de las herramienta que puede abrir oportunidades a lo largo de la vida. Pero para que eso ocurra, no alcanza con que las escuelas estén abiertas. También hace falta que todos puedan aprender, avanzar y terminar sus estudios

El diagnóstico de la CEPAL muestra que la desigualdad educativa empieza mucho antes de que aparezcan los resultados de una prueba. Está en las condiciones en las que crece cada estudiante, en los recursos que tiene su familia, en el lugar donde vive y en las posibilidades que encuentra desde sus primeros años.

Por eso, achicar esta brecha no significa solamente mejorar las estadísticas. También implica acompañar a los estudiantes desde la primera infancia, evitar que abandonen la secundaria, fortalecer la educación pública y prestar especial atención a quienes enfrentan mayores obstáculos.

Porque si la educación es un derecho, no debería funcionar como un privilegio para quienes tuvieron mejores condiciones desde el principio. Aprender, terminar los estudios y poder pensar en el futuro no debería depender del lugar que a cada persona le tocó ocupar al nacer.


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