Abuso sexual infantil en internet: lo que viven los niños y niñas frente a las nuevas tecnologías

En un informe publicado por UNICEF, se recopilaron las experiencias de niños y niñas que sufrieron abuso sexual a través de tecnologías digitales. Sus testimonios permiten conocer un problema que ocurre en las plataformas que utilizan todos los días y que muchas veces queda oculto. A lo largo de un año, el estudio reunió datos y experiencias que muestran cómo estos abusos pueden ocurrir tanto con personas conocidas como con quienes tuvieron su primer contacto a través internet.
¿Cómo ocurre el abuso sexual infantil en internet?
Lo llamativo es que en menos del 1% de las víctimas se habían comunicado con la policía o un trabajador social, o algún servicio de ayuda. Cuatro de cada diez casos no se pusieron en contacto con nadie. Esto resulta preocupante porque según este mismo informe, quienes sufrieron este tipo de abuso tienen una probabilidad cuatro veces mayor de manifestar pensamientos y conductas suicidas y de autolesionarse. Además, presentan niveles de ansiedad un 11% más altos que otros niños y niñas.
Hay distintas formas en las que las herramientas y plataformas digitales son utilizadas para exponer a niñas y niños a contenido sexual, solicitarles este tipo de contenido, coaccionarlos o extorsionarlos. Incluso hay personas que comparten el contenido en el que aparecen niños, lo que puede ampliar el alcance del abuso sexual infantil y facilitar que continúe tanto en línea como fuera de internet.
Hay un proyecto llamado Disrupting Harm, llevado a cabo por UNICEF, ECPAT International e INTERPOL en conjunto. En el marco de este proyecto, se realizaron encuestas a cerca de 21.000 niños y niñas de entre 12 y 17 años que usan Internet en 21 países de distintos continentes. También se realizaron entrevistas en profundidad a más de 100 jóvenes que sufrieron abuso sexual facilitado por la tecnología y a más de 500 profesionales de las fuerzas de seguridad y de otros ámbitos vinculados con la atención de estos casos. Los datos aportados permiten ver el problema desde la perspectiva de los propios niños, aunque representan solo una parte de una realidad mucho más amplia, ya que se estima que 20 millones de niños y niñas que usan internet han sido afectados.
Los datos recopilados revelan que 4 millones de jóvenes fueron víctimas de la difusión de imágenes suyas sin su consentimiento, y casi el 60% de estos casos se produjo en redes sociales, mientras que el 14% fue en juegos en línea. Las plataformas que más casos registraron fueron Facebook, WhatsApp e Instagram. Los agresores usan las funciones de las plataformas digitales para aprovecharse de la confianza de los niños y niñas: pueden enviarles mensajes no deseados, crear perfiles falsos y utilizar distintas estrategias para acercarse a ellos y hacerles daño.
El abuso también tiene diferencias según el género
También hay cuestiones relativas al género que pueden utilizarse para silenciar a las víctimas. En el caso de las niñas, los abusadores utilizan el estigma y la culpa sobre el abuso para silenciarlas. En el caso de los niños, pueden aprovechar que estas situaciones suelen minimizarse y, si eso no funciona, amenazar con revelar o insinuar falsamente la orientación sexual.
La responsabilidad no puede quedar en los niños y niñas
Los niños y niñas no son simplemente víctimas indefensas frente a estos riesgos. El informe muestra que muchas veces desarrollan estrategias para protegerse: bloquean a los agresores, evitan determinados espacios y se ayudan entre ellos. Pero esa capacidad para reaccionar no debería hacer que toda la responsabilidad de protegerse recaiga sobre ellos.
Las plataformas también tienen una responsabilidad. Su diseño debería priorizar la seguridad de los niños y niñas y no buscar solamente que permanezcan conectados durante más tiempo. Esto implica mejorar la privacidad, limitar los contactos no deseados y detectar de manera más efectiva los contenidos que pueden estar relacionados con abusos. Al mismo tiempo, los gobiernos y los organismos reguladores deben establecer y hacer cumplir normas que permitan exigir responsabilidades a las empresas.
Pero la protección tampoco puede quedar solamente en manos de la tecnología. Las escuelas, las familias y la sociedad tienen que acompañar a los niños y niñas sin hacerlos sentir responsables de lo que ocurre. Cuando un niño cuenta que sufrió un abuso, necesita encontrar adultos que lo escuchen y le crean, no que lo culpen o le impongan restricciones. Quien sufre un abuso no tiene la culpa de lo que pasó.
Los niños y niñas tienen derecho a usar internet sin tener que cargar solos con la responsabilidad de protegerse. Escuchar lo que tienen para contar y tomar medidas para que puedan estar seguros también es tarea de los adultos, las instituciones y las plataformas que forman parte de su vida cotidiana.

