Democracia

La condena a un activista mediático en Hong Kong reaviva la preocupación por la libertad de prensa

La condena judicial al empresario de medios de comunicación Jimmy Lai fue tomada por los organismos internacionales como un golpe mortífero a la disidencia política en la región. Un retroceso grave para Hong Kong y el rol de China en la mira. La libertad de prensa persiste como uno de los ejes de debates más […]

La condena a un activista mediático en Hong Kong reaviva la preocupación por la libertad de prensa

La condena judicial al empresario de medios de comunicación Jimmy Lai fue tomada por los organismos internacionales como un golpe mortífero a la disidencia política en la región. Un retroceso grave para Hong Kong y el rol de China en la mira.

La libertad de prensa persiste como uno de los ejes de debates más fuertes en la plana internacional de los derechos humanos. El ejercicio del periodismo y la comunicación en un escenario cada vez más pronunciado de crisis humanitarias, conflictos armados y regímenes autoritarios mantiene en vilo a los organismos internacionales. En ese marco, Hong Kong se posicionó en el centro de las miradas del mundo por sus ataques contra la prensa y la libertad de expresión, en este caso por la persecución al ícono de los medios de comunicación y activista Jimmy Lai, condenado durante los últimos días por la justicia local. Lai ha sido acusado de cargos vinculados a la seguridad nacional y podría enfrentar la pena de cadena perpetua. 

En efecto, la condena de Lai se representó un eje de preocupación mundial, en un caso donde se combinan la lucha por la libertad de prensa, la libertad de expresión y los intereses geopolíticos en juego a nivel internacional. Es que el magnate de medios de 78 años, responsable del periódico Apple Daily, fue notable por sus críticas al gobierno, hecho que fue tomado como una operación cuyo presunto objetivo sería “derrocar” al gobierno chino. Su condena, en el marco de un juicio sin jurado, despertó la preocupación de organismos internacionales que ven esta avanzada como un golpe mortífero a la libertad de expresión en ese territorio. 

El presunto “atentado contra la seguridad nacional” que adjudican a Lai responde a los dispuesto en la mentada Ley de Seguridad Nacional impuesta por Pekín. Si bien Hong Kong permanece como un territorio con una relativa autonomía administrativa, sus ejes de gobierno más sensibles como defensa, seguridad y asuntos externos se rigen bajo la órbita china. Esto ubica el caso de Lai en el centro de una pugna geopolítica donde la libertad de prensa se mantiene cautiva.

El conflicto con Lai se remonta al año 2020. Desde ese año permanece en prisión tras ser condenado por “connivencia con fuerzas extranjeras” y tentativa de sedición. En 2021 le fue negada la fianza como también la representación de un abogado británico, ya que el propio Lai tiene esa ciudadanía. Cabe recordar que, en 2020, tras la sanción de la mencionada Ley de Seguridad Nacional, la sede del diario dirigido por Lai fue blanco de una redada protagonizada por centenares de policías.  

El caso despertó la preocupación de diversos organismos mundiales de derechos humanos que manifestaron su alerta ante el cambio de paradigma en Hongo Kong con respecto a la libertad de expresión. Así lo manifestaron entidades como Amnistía Internacional (AI) o Human Rights Watch, al emitir respectivas declaraciones al respecto.

La reacción de los organismos humanitarios

Las evaluaciones por parte de la mirada internacional apuntan al rol del gobierno chino y la ya reconocida política ofensiva hacia la disidencia política del gobierno socialista de ese país. Desde la organización Human Rights Watch no solo calificaron como “cargos falsos” los dirigidos hacia Lai, sino que también definieron el proceso como una “parodia” judicial con el objetivo de disciplinar y silenciar a la disidencia política. Asimismo, remarcaron que la decisión judicial tomada viola el Pacto Internacional de Derechos Cívicos y Políticos. 

En tanto, desde Amnistía Internacional también repudiaron la condena y la consideraron una manifestación de la represión “sistemática” llevada a cabo en esa región desde hace tiempo, orientada no sólo a voces públicas sino también a partidos políticos, organizaciones civiles y cualquier otra forma de protesta social. Asimismo, la entidad demandó su liberación inmediata sin ningún tipo de condicionamiento. 

El retroceso en Hong Kong

Lo ocurrido recientemente en Hong Kong no emerge como un hecho aislado, sino que forma parte de un entramado regresivo en materia de libertad de prensa en la región. A mediados de este año, la organización Global Voices divulgó cifras preocupantes que ubican una caída de Hong Kong al puesto número 140 en el índice mundial de libertad de prensa. Las estadísticas fueron tomadas de un sondeo publicado por la plataforma de periodismo independiente Hong Kong Free Press. El fenómeno implicó una caída de cinco puestos con respecto al año anterior y, según Reporteros Sin Fronteras, esto lo ubicaría junto a China en la denominada “zona roja” de países con una vulneración a la libertad de expresión de alta gravedad.   

Cabe recordar que lo ocurrido en Hong Kong coincide de manera directa con la situación que se vive en China en relación a la libertad de prensa y la libertad de expresión. Desde el Congressional-Executive Comission on China (organismo norteamericano orientado a monitorear los derechos humanos en ese país) han señalado que la libertad de expresión en el país oriental está limitada a determinadas élites intelectuales, mediáticas y políticas afines al gobierno o controladas por éste.

Guillermo Whpei

Presidente de la Fundacion para la democracia

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