Esclavitud moderna

La explotación en el mundo de la moda en la mira de los derechos humanos

Explotación laboral, impedimentos para la asociación sindical y el impacto ambiental de los residuos descartados son algunos de los problemas que más alertan las entidades internacionales sobre la industria textil. Entre las diversas formas en que la explotación social se manifiesta, la industria de la moda se ha convertido en los últimos años en un […]

La explotación en el mundo de la moda en la mira de los derechos humanos

Explotación laboral, impedimentos para la asociación sindical y el impacto ambiental de los residuos descartados son algunos de los problemas que más alertan las entidades internacionales sobre la industria textil.

Entre las diversas formas en que la explotación social se manifiesta, la industria de la moda se ha convertido en los últimos años en un sector que despierta preocupaciones. La industria textil vinculada al mercado de la moda se ha posicionado a nivel mundial como uno de los ámbitos de vulneración de derechos humanos que más atrae críticas y advertencias de parte de organismos internacionales. Represión, abusos, condiciones de esclavitud, falta de regulaciones y negación sistemática a la organización sindical son algunos de los elementos que vienen siendo denunciados sobre un mercado que crece exponencialmente cada año.

En esto se basó el reciente informe de Amnistía Internacional (AI), donde denuncia la situación que encuentra alguno de sus ejemplos más extremos en países como Sri Lanka, India y Pakistán. El documento titulado “La trampa de la moda” realiza un recorrido sobre las múltiples vulneraciones que padece la mano de obra de estas regiones. Habilitada por gobiernos y empresas en conjunto, estas sociedades reproducen un modelo productivo en detrimento de los derechos humanos.  

La investigación se apoya en relevamientos realizados a través de más de 80 entrevistas en una veintena de fábricas de estos países, donde dueños de fábricas, titulares de empresas de la moda y los regímenes políticos constituyen una red de explotación generalizada. Uno de los elementos más preocupantes es, en estos casos, el impedimento a la organización sindical. 

La imposibilidad de marcos de convenios y negociaciones colectivas en estos países ubican a cientos de trabajadores y trabajadoras (en especial mano de obra femenina) en condiciones de vulneración absoluta. Jornadas extenuantes, sobrecarga de tareas, condiciones precarias y bajos salarios son algunas de las consecuencias más destacadas. 

Asimismo, las consecuencias de estos problemas se extienden de manera directa o indirecta a las infancias. Según datos divulgados por Unicef, unos 100 millones de niños y niñas de todo el mundo padecen las consecuencias de la explotación textil. Esto es por el sometimiento como mano de obra infantil o por ser hijos de padres trabajadores en esos contextos. La Comisión Europea también planteó este problema a partir de la explotación infantil en la materia prima de algodón, base de la industria textil, y eje de debates sobre la injerencia de esta industria en la esclavitud moderna.  

En 2024, un relevamiento de la mega corporación Shein sobre el año anterior detectó varios casos de trabajo infantil en las empresas que producen la ropa que venden a nivel global. Las lógicas de producción y comercialización que lleva delante la firma Shein ha sido motivo de debates geopolíticos sobre sus regulaciones legales y las condiciones laborales de quienes intervienen en sus operaciones, desde proveedores, mano de obra, distribuidores, entre otros. 

Moda y discriminación femenina

A las problemáticas en materia de derechos humanos y laborales, en la industria textil se suma además un problema de explotación femenina, ya que la mitad de los puestos de trabajo en una fábrica de ropa son mujeres. Acorde a lo divulgado por AI, sobre un total aproximado de 94 millones de personas cuyos trabajos dependen de la industria textil, se estima que más del 60% son mujeres, según datos de la Organización Mundial del Trabajo. Aminstía ha denunciado que, en este rubro, los abusos a los derechos humanos y laborales son “sistémicos” y que, en un ámbito de salarios bajos para los hombres, la remuneración es aún menor entre las mujeres.

Barato y rápido: la explotación “fast-fashion”

El avance a escala global de la producción de indumentaria combinada con la articulación de consumo vía internet y redes sociales ha generado una nueva ola de superproducción en masa. La moda rápida o “fast-fashion” es un fenómeno vinculado a la venta masiva de prendas producidas de manera rápida y vendidas a bajo precio en el sector minorista. Un informe de Australian Human Rights Institute expresa que solamente en Asia la industria textil emplea a unos 60 millones de trabajadores y que buena parte de ellos trabaja de manera tercerizada por las grandes corporaciones. Esto incrementa los riesgos de vulneración de derechos en un mercado cada vez más demandante. 

Jornadas de 75 horas a la semana, salarios de 0,3 libras por unidad de prenda y toneladas de ropa quemadas como sobrantes son algunas de las condiciones que han sido señaladas alrededor del modelo de “fast-fashion”. La organización humanitaria Anti-Slavery ha advertido sobre la escala de superproducción de firmas como Shein y el riesgo de vulnerar las recomendaciones de la ONU respecto al cambio climático. Según cifras de Geneva Environment Network, el 60% de los materiales que se utilizan en la industria de la moda son de plástico y menos del 1% del material se recicla, mientras que el impacto de los residuos textiles en el medio ambiente es severo.

Guillermo Whpei

Presidente de la Fundacion para la democracia

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