Misoginia en Brasil llega al Congreso con penas más duras y polémica política
Con 67 votos afirmativos, el Senado dio media sanción a una ley que tipifica la misoginia como delito grave. El debate se traslada ahora a Diputados, en medio de cuestionamientos políticos y sociales. El 26 de marzo el Senado de Brasil aprobó por unanimidad, con 67 votos a favor, un proyecto de ley que considera […]


Con 67 votos afirmativos, el Senado dio media sanción a una ley que tipifica la misoginia como delito grave. El debate se traslada ahora a Diputados, en medio de cuestionamientos políticos y sociales.
El 26 de marzo el Senado de Brasil aprobó por unanimidad, con 67 votos a favor, un proyecto de ley que considera la misoginia como un delito equivalente al racismo.
La senadora Ana Paula Lobato es la impulsora de este proyecto. Lobato define la misoginia como una conducta que manifiesta odio hacia las mujeres basada en la idea de superioridad masculina. En caso de aprobarse en ambas cámaras, el delito pasa a ser inafianzable e imprescriptible, lo que significa que no admite fianza y no prescribe con el tiempo. En línea con lo que ocurre con el racismo.
Por su parte, la senadora Soraya Thronicke, relatora del texto, destacó que la legislación busca enfrentar la violencia de género desde un lugar más efectivo y que no se busca restringir la libertad de expresión. “La Constitución ya garantiza la libertad de expresión; incluir esa cláusula podría debilitar la ley”, añadió Thronicke.
La legislación distingue diversos tipos de conductas y establece penas según su gravedad, que van desde discriminación o incitación al odio con sanciones previstas de 1 a 2 años más multas.
Mientras que lo que se califica como “injuria misógina”, es decir, las ofensas a la dignidad de la mujer, contempla penas de 2 a 5 años de cárcel. Además, se introducen modificaciones para diferenciar estos delitos de la violencia doméstica, evitando que una misma conducta sea castigada por vías legales distintas.
En esta línea, la senadora Thronicke advirtió que la violencia de género es un tema urgente en Brasil y sostuvo que solo en 2025 se registraron cerca de 7.000 intentos de feminicidio en Brasil. Por otro lado, apuntó contra el crecimiento de discursos de odio en redes sociales, particularmente en comunidades conocidas como “red pills”, que promueven la superioridad masculina.
Al mismo tiempo, este proyecto genera controversias, ya que legisladores opositores afirman que la norma podría afectar la libertad de expresión o ser utilizada con fines políticos, mientras que otros cuestionaron la “vaguedad” del concepto de misoginia.
Violencia de género y contexto social en Brasil
Este debate se da en un contexto de alta violencia de género en Brasil. Según números del Ministerio de las Mujeres, 1.400 fueron asesinadas en 2022 por su condición de género. En este marco, todos los días se registran cientos de casos de violencia doméstica. Mientras que, las mujeres representan solo el 17,7% de la Cámara de Diputados, a pesar de constituir más de la mitad del electorado brasileño.
Durante las últimas semanas, los medios de comunicación y las redes sociales se vieron inundados de casos de odio y violencia contra las mujeres. Uno de los más resonantes de los últimos días, fue el femicidio de una policía militar en manos de su pareja en São Paulo, otro de los hechos fue la violación grupan de una adolescente en Río de Janeiro y por último, videos en TikTok donde hombres simulan ataques a mujeres que rechazan propuestas de casamiento.

Organizaciones en Brasil sostienen que estos episodios no deben verse como hechos aislados porque forman parte de un entramado de misoginia que conecta distintas dimensiones, desde experiencias individuales de frustración hasta estructuras económicas y proyectos políticos globales.
Entre las investigaciones sobre la muerte de la oficial Gisele Alves Santana, se observa que su esposo, teniente coronel de la Policía Militar Geraldo Leite Rosa Neto, acusado del crimen, utilizaba en sus conversaciones términos frecuentes en grupos misóginos de internet, como «macho alfa» y «mujer beta». Conceptos que según indicaron, remiten a la idea de superioridad masculina y sumisión femenina.
El origen del odio
Sobre esto, la socióloga Bruna Camilo, politóloga e investigadora de género y misoginia afirma que el problema debe entenderse en su dimensión histórica, ya que si bien los grupos de odio se expanden por los entornos virtuales, estos espacios existen desde mucho antes.
“Hablamos mucho sobre el aumento de esta violencia, pero es secular; existe desde la construcción de la sociedad. Vemos estructuras patriarcales antiguas de sumisión de las mujeres, y la internet potencia esa violencia”, sostiene la socióloga.
Por su parte, el psicólogo social Benedito Medrado Dantas, profesor de la Universidad Federal de Pernambuco (UFPE), sostiene que las expresiones de odio hacia las mujeres se intensificaron como una reacción a los logros femeninos.
Medrado Dantas señala que cuando las mujeres empezaron a ocupar otros espacios en la sociedad que no fueran el del cuidado doméstico se alteraron, inevitablemente, las estructuras de la sociedad y la intimidad de la vida familiar y doméstica.
El avance del proyecto abre un escenario legislativo en Brasil, donde la discusión sobre violencia de género se cruza con debates sobre derechos, representación y el alcance de las políticas públicas. En paralelo, organismos como Naciones Unidas sostienen que los Estados deben fortalecer marcos legales y acciones concretas para prevenir y sancionar la violencia contra las mujeres, en un contexto donde los discursos de odio y las desigualdades estructurales continúan vigentes.
Presidente de la Fundacion para la democracia


