Violencia en el mundo islámico y la necesidad de preservar la paz
En una actualidad mundial marcada por el conflicto en la Franja de Gaza y el terrorismo civil en varias partes de oriente, la prevalencia de la perspectiva de derechos humanos se torna fundamental. Mientras tanto, discursos de odio proliferan hacia el mundo islámico, habilitando un terreno peligroso. Si bien a menudo tiende a quedar fuera […]


En una actualidad mundial marcada por el conflicto en la Franja de Gaza y el terrorismo civil en varias partes de oriente, la prevalencia de la perspectiva de derechos humanos se torna fundamental. Mientras tanto, discursos de odio proliferan hacia el mundo islámico, habilitando un terreno peligroso.
Si bien a menudo tiende a quedar fuera de las agendas mediáticas centrales, la violencia que acosa al mundo islámico se ha convertido en una de las principales preocupaciones de los organismos de derechos humanos internacionales. Conflictos históricos y crisis políticas, guerras entre Estados y guerras civiles, han marcado una tendencia a estigmatizar a la identidad islámica, cuando no a avalar discursivamente cualquier acto de violencia del cual sea blanco. Mientras tanto, ataques violentos contra comunidades, ciudades, espacios de culto religioso, son preocupaciones constantes en los organismos humanitarios. El conflicto en la Franja de Gaza, en tanto, sigue motorizando polarizaciones.
De manera reciente y en plena temporada de festividades, han sido varios los casos sobre los cuales las Naciones Unidas han enviado un mensaje de condena y repudio. En todo ellos, el mundo islámico emerge como principal atacado. Desde el ataque a una mezquita en Nigeria que dejó 5 muertos, pasando por un episodio similar en una mezquita en Homs (Siria) con al menos 8 personas fallecidas, hasta el llamado a que Inglaterra proteja y garantice el bienestar de activistas a favor de Palestina. En todos estos casos, atravesados por motivos y contextos diferentes, el componente islámico emerge como blanco de ataque por diversos motivos.
Desde facciones civiles fundamentalistas en sus propios países, hasta conflictos internacionales por detonantes geopolíticos, la violencia circundante al islam en tanto identidad religiosa, cultural, étnica y nacional se convirtió en un problema sistemático que no reconoce fronteras. La hostilidad emergida desde sectores de Occidente al calor de diversos conflictos armados, combinado con nuevos reordenamientos políticos mundiales, sumado al cultivo de oleadas de violencia xenofóbica y racista por parte de movimientos políticos de derecha, han potenciado el odio hacia el mundo islámica de modo extremo.
El pronunciamiento de los organismos de derechos humanos es claro y contundente. El secretario general de la ONU, Antonio Guterres, condenó de manera enérgica el atentado en la mezquita de Siria, ocurrido en un momento de alta delicadeza tras el derrocamiento de Bashar Hafez al-Assad. El ataque al espacio de culto y oración de la minoría alauita. En ese marco, la máxima autoridad de la ONU condenó las violencias “sectarias” y de cualquier tipo. En el caso de Siria, como en otros tantos, los hechos de violencia se vinculan con la violencia que atraviesa hacia dentro mismo el mundo islámico debido a diferencias históricas entre las suníes y chiitas.
Burkina Faso y la violencia anti-islámica
Si bien muchos hechos de violencia hacia comunidades islámicas son producto de ataques terroristas de facciones fundamentalistas, en muchos otros casos la propia idea de “lucha contra el terrorismo” también ha sido detonante de violencia islamofóbica. El caso de Burkina Faso ha sido seguido de cerca por organismos de derechos humanos en relación a este fenómeno. En efecto, la organización Human Rights Watch lanzó este año un informe donde se detallaba la masacre contra población civil perpetrada por parte de grupos especiales armados, en apoyo al gobierno en la lucha contra el terrorismo.
Con un especial encono a la comunidad Fulani, estos ataques (que ya contabilizan más de 120 muertos civiles) llevados adelante por al autoproclamado Voluntarios para la Defensa de la Patria han sido investigados por Human Rights Watch. En base a documentos y entrevistas a sobrevivientes y especialistas, muchas de estas muertes fueron ejecutadas sobre poblaciones refugiadas en busca de una salida a los conflictos resultantes de los dos golpes de Estado ocurridos en el país desde 2022. La etnia Fulani es mayoritariamente musulmana, y es víctima de las permanentes estigmatizaciones que vinculan a la religión islámica con el terrorismo. Entre otros puntos, los ataques a la comunidad han generado un desplazamiento en masa forzado del área, hecho que ha sido calificado como crimen de guerra.

Lucha contra la islamofobia y derechos humanos
Por motivos como los mencionados, las entidades internacionales desde hace tiempo impulsan nuevas propuestas y políticas para combatir la islamofobia como un mal sistemático. Esto no sólo está orientado a un fomento de valores como la tolerancia entre comunidades y la libertad de cultos, sino también como pieza estratégica para fortalecer los derechos humanos y las democracias en una coyuntura mundial particular.
En junio de este año, Naciones Unidas puso este tema en agenda con motivo del nombramiento del enviado especial de la entidad en la lucha contra la islamofobia. Este hecho sentó un nuevo precedente para la realización de recomendaciones y posicionamientos a nivel educativo y humanitario para que los países tomen este tema y le apliquen en sus agendas.
Presidente de la Fundacion para la democracia


